Un muchacho, vasallo del señor de Montsoriu, se casó con una de las chicas más preciosas de los alrededores. Para satisfacer el viejo tributo de vasallaje, celebrada la boda, el novio presentó la novia al señor. En amanecer, el novio hizo camino al castillo para recuperar su esposa. Los guardias del castillo recibieron el muchacho de malas formas, le dijeron que el señor aún no se había levantado y que volviera al día siguiente. Con malas razones le hicieron esperar tres días.

El día que hacía cuatro, el joven, encendido de ira, subió al castillo dispuesto a lo que fuera necesario. Al caer el puente, el mismo señor se presentó en el portal y le entregó su esposa con palabras burlonas y escarnidores. El joven se quitó la daga y atravesó el corazón del señor de Montsoriu sin que sus sirvientes lo pudieran evitar.

Mientras el castillo reinaba la mayor confusión, los novios huyeron montaña abajo. Al llegar al pueblo todos los esperaba dispuestos a echarse a la calle en defensa de la razón del joven matrimonio. Y dice la leyenda que de aquel movimiento de pueblo nació la guerra de los Remences, en que los vasallos alzarse contra el poder abusivo de los nobles y señores.