Una vez el rey moro asediaba el castillo de Montsoriu, pensando que el señor del castillo y sus sirvientes se rendirían ante la presencia de su ejército. Así pasaron un día, dos, quince y un mes, hasta que un día el señor del castillo de Montsoriu le invitó a comer arriba del castillo. Entre los platos que le sirvieron en el convite había pescado fresco del arroyo. El pescado era pescado y subido al castillo a través de un túnel subterráneo. El caudillo moro al ver tal prodigio desistió del ataque y se volvió a su país.

Hace mucho tiempo, los moros, que se habían hecho dueños del castillo de Montsoriu, pedían cada año una paga a la villa de Arbucias. Esta consistía en la entrega de la doncella más hermosa de todas las del pueblo. Un año le tocó a Pepa, chica delicada y fina. Cuando el rey moro la vio quedó boquiabierto de tanta hermosura y la quiso perpetuar para siempre. La chica, al saberlo, rompió a llorar sollozando una canción que decía:

-¿Por Qué me lloras, Pepa le dice son galante.
-Yo lloro por mis padres porque cuando
lo sepan buscarán a Pepa y en ninguna parte
del mundo, la encontrarán.

El rey moro, a pesar de los llantos de la doncella, hizo realidad su capricho, embalsamar ala chica y la sentó sobre un lavadero de barro, lleno de dinero, en una mina secreta que se abre cerca de los Hostalitos.