Leyendas

El castillo de Montsoriu ha sido, como pocos lugares de nuestro país, un foco generador de leyendas. Sólo hay que acercarse a sus ruinas altivas y pasear por sus rincones para imaginar episodios de un pasado esplendoroso, con caballeros y damas, nobles y campesinos, historias de amor y de guerra.

El romanticismo ha encontrado en Montsoriu el escenario ideal para historias donde brujas y encantadas se mueven libremente, y sus muros y salas nos permiten soñar con túneles escondidos, bestias fantásticas y tesoros aún por descubrir.

Cualquiera de las leyendas de Montsoriu pierde fuerza si se cuenta fuera de su escenario natural. Montsoriu con su espectacularidad hace creíble la más inverosímil de las historias. Viendo las altas murallas y finas aspilleras, podemos llegar a sentir el rumor del ejército moro poniendo cerco al castillo. En los días de niebla, cuando ésta se filtra por los bellos ventanales, es fácil imaginar la aparición de na Guilleuma. Cuando contemplamos la majestuosa torre del Homenaje retrocedemos al tiempo que el vasallo reclamaba su esposa al señor. Estando al pie de la torre de las Heures parece como si sintiéramos el cuerno de la Dama Roja ...

Montsoriu se convierte en el límite de las dimensiones humanas, abarcable a la vez que majestuoso, solitario a la vez que cercano, desconocido y olvidado ... Todo esto es lo que nuestros antepasados, a caballo de la libertad y la opresión, del cristianismo y el paganismo, la religión y la magia ..., han visto en Montsoriu. Y es de este montón de confluencias y mundos contrarios de donde han nacido una serie de mitos, cuentos y leyendas, que transmitidos oralmente durante siglos han llegado hasta nuestros días.

De leyendas de Montsoriu hay de diversos temas: sobre el origen del castillo, sobre las guerras, sobre brujas y encantadas, sobre tesoros ocultos ... Los hay de románticas, otros hablan de la tradición ... De todas estas hemos elegido algunas de las más significativas y las hemos agrupado según el tema.
 
 
El origen del castillo

Cuentan que un día un general llamado Maüs, defendiendo la tierra contra los forasteros, fue abatido y huyó por entre los bosques. En la huida perdió el ayudante, pero éste al ver una hoguera al lugar de Montsoriu se encaminó y reencontró su general. Entonces Maüs ordenó construir en este punto un castillo.
 
El nombre del general Maüs actualmente se mantiene en la denominación de una calle en la villa de Arbúcies, que ya aparece documentado en el siglo XVIII.
 
Los moros

Una vez el rey moro asediaba el castillo de Montsoriu, pensando que el señor del castillo y sus sirvientes se rendirían ante la presencia de su ejército. Así pasaron un día, dos, quince y un mes, hasta que un día el señor del castillo de Montsoriu le invitó a comer arriba del castillo. Entre los platos que le sirvieron en el banquete había pescado fresco de la riera. El pescado era pescado y subido al castillo a través de un túnel subterráneo. El caudillo moro al ver tal prodigio desistió del ataque y se volvió a su país.
 
Hace mucho tiempo, los moros, que se habían hecho dueños del castillo de Montsoriu, pedían cada año una paga en la villa de Arbúcies. Esta consistía en la entrega de la doncella más hermosa de todas las del pueblo. Un año tocó a la Pepa, chica delicada y fina. Cuando el rey moro la vio quedó boquiabierto de tanta hermosura y la quiso perpetuar para siempre. La chica, al saberlo, rompió a llorar todo sollozando una canción que decía:

¿Por qué me lloras, Pepa-le dice su galán.
-Yo lloro por mis padres porque cuando
lo sabrán en buscarán la Pepa y lugar
del mundo, del mundo la encontrarán.

El rey moro, a pesar de los llantos de la doncella, hizo realidad su capricho, embalsama la chica y la hizo sentarse sobre un lavandero de barro, lleno de dinero, en una mina secreta que se abre cerca de Els Hostalets.
 
Las brujas

En el castillo de Montsoriu había vivido una bruja dicha na Guilleuma, que todas las noches salía seguida de una gran corte de sirvientas, todas ellas vestidas de blanco. Rodeaban las ruinas del castillo en larga procesión, sembrando plaga y mal agüero, y hacían perder las cosechas de todos los campesinos del paseo. Un día el señor cura de Breda las roció con los Asperger y huyeron todas. De un salto fueron a parar al pico de Morou y, de otro, en el fondo del Gorg Negre de Gualba, donde todavía hacen de las suyas.
 
Románticas

En el punto de la medianoche asoma por la cima de la torre de l'Heura la Dama Roja del castillo de Montsoriu, despeinada, llevando en la mano derecha una linterna encendida ya la izquierda, un cuerno de caza. Hace tres toques de cuerno. Le responde otro toque de la banda de cuello de Castellar, y poco después aparece el caballero vestido de negro con un caballo de fuego. Sube a la torre, monta a la grupa del caballo la Dama Roja del castillo y desaparecen en la oscuridad de la noche.
 
Algunos autores relacionan la leyenda de la Dama Roja con el hecho de armas del ataque de Felipe el Atrevido, cuando el castillo fue lugar de refugio de la vizcondesa de Cabrera, de nombre Marquesa, y de sus hijos y su esposo , el conde de Empúries. La vizcondesa esperó en el castillo el regreso del conde de Empúries, que había ido a la guerra contra los franceses para defender sus tierras ampurdanesas.
 

Riquezas ocultas

En una de las cuevas de Montsoriu viven tres serpientes, que llevan un diamante en la boca, que sólo dejan cuando van a beber a alguna fuente. Lo que entonces pudiera robarles lo sería rico y feliz para toda la vida.
Dentro de la cueva, las tres serpientes guardan tres lavanderos llenos de moneda encantada. El encateri dice que se puede deshacer el hechizo yendo la noche de San Juan en punto de las doce y llevando pan mojado con leche para alimentar las serpientes y agua bendita.
 
Se dice que una mujer de un lugar muy pobre fue al castillo a encontrar la bruja. La bruja sintió compasión de la mujer, y allí mismo le dio habas, la mujer llenó los sacos de habas y al llegar a casa el contenido de los sacos se había convertido en oro y plata.
 
Llegaron a Breda dos forasteros buscando un par de valientes que los acompañaran en el castillo de Montsoriu, con la promesa de una parte de las riquezas que encontraran. A la hora señalada llegaron al lugar del hechizo. Los acompañantes, atemorizados por el ruido de armas y trompetas y por la voz y el aspecto de los personajes antiguos y animales maléficos que aparecieron al conjuro de los forasteros, huyeron asustados. Al cabo de un rato, vieron bajar del castillo los forasteros cargados de sacos, los cuales sacaron dos monedas de oro, con las que pagaron el pequeño servicio de los dos lugareños.
 
Cada año, el día de San Juan, cuando el campanario de Breda toca la primera campanada de la medianoche, se abre una puerta del castillo que se comunica con una habitación llena de trigo y salvado. Lo que quiere hacer se'nl'amo debe ir esta noche, caminando de espaldas y con las manos ocupadas, una con un cirio encendido otra con una calavera. Debe tomar el grano con los dientes, meterlo dentro de un saco e ir de prisa porque cuando se acaba el sonido de la duodécima campanada la puerta vuelve a cerrarse. Si consigue salir, no puede mirar el saco hasta haber pasado el río. Si lo hace así el grano se habrá convertido en oro. Si, en cambio, la curiosidad le ha hecho curioso, sólo tendrá arena. Y si por mala suerte no ha podido salir, deberá esperar al próximo año cuando vuelva a tocar la primera campanada de la noche de San Juan en el campanario de Breda.
 
Los ruidos del bosque

Un cazador oía misa al pie de la ermita de Santa Fe del Montseny, rodeado por sus perros de caza. En el punto de levantar Dios vio pasar la liebre, y él, rápido como el rayo, y dejando de lado el momento solemne de la consagración, persigue la liebre bosque adentro. Como castigo por esta irreverencia, ahora caza eternamente por estos bosques. La gente del país dice que en días a sabiendas se sienten ladridos misteriosos por los bosques del castillo de Montsoriu.
 
Tradición e historia

Un muchacho, vasallo del señor de Montsoriu, se casó con una de las chicas más preciosas de los alrededores. Para satisfacer el viejo tributo de vasallaje, celebradas las bodas, el novio presentó la novia al señor. En amanecer, el novio hizo vía el castillo para recuperar su esposa. Los guardias del castillo recibieron el muchacho con malos términos, le dijeron que el señor aún no se había levantado y que volviera al día siguiente. Con malas razones le hicieron esperar tres días. El día que hacía cuatro, el joven, encendido de ira, subió al castillo dispuesto a lo que fuera necesario. Al caer el puente, el mismo señor se presentó en el portal y le entregó su esposa con palabras burlonas y zahiriente. El joven se quitó la daga y atravesó el corazón del señor de Montsoriu sin que sus sirvientes lo pudieran evitar. Mientras en el castillo reinaba la mayor confusión, los novios huyeron montaña abajo. Al llegar al pueblo todos los esperaba dispuestos a echarse a la calle en defensa de la razón del joven matrimonio. Y dice la leyenda que de aquel movimiento de pueblo nació la guerra de los remensas, en que los vasallos se alzaron contra el poder abusivo de los nobles y señores.

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